Segundo Viento: un digno y rabioso empeño. Mesa del 3 de enero I.

Sábado, Enero 3rd, 2009 escrito por admin

Palabras de Raúl Zibechi.

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Palabras de Oscar Olivera.

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Palabras de Mónica Baltodano.

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Entrega de Adolfo Gilly.

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Palabras del Subcomandante Insurgente Marcos. Leer aquí

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SIETE VIENTOS EN LOS CALENDARIOS Y GEOGRAFÍAS DE ABAJO.

Segundo Viento: un digno y rabioso empeño.

De homenajes y saludos (un poco de historia e histeria pasadas y presentes).

Antes hemos señalado el truco geográfico que el Poder usa para acomodar distancias inexistentes entre sus formas de dominio, por un lado, y las resistencias que encuentra, por el otro.

El Poder también usa los calendarios para neutralizar los movimientos que atentan o atentaron contra su esencia, su existencia o su normalidad.

Por eso sus fechas conmemorativas. Con ellas se acota, se limita, se define y se detiene. Con cada día del calendario que el Arriba admite en su cronología, se da una toma de control sobre la historia. Con esos días se detienen los movimientos, se dan por finalizados en todos los sentidos. No habrá Arriba, en esa calendarización de la historia, nada que dé cuenta de los procesos y movimientos que entonces son reducidos a un día.

Y entonces esas fechas se convierten en estatuas. En México el 16 de Septiembre y el 20 de noviembre fueron momificados desde los inicios de la larga era priísta. Cada año, la camarilla de criminales en turno, es decir, en el gobierno, acudía a monumentos y desfiles sólo para asegurarse de que Miguel Hidalgo, José María Morelos, Vicente Guerrero, Francisco Villa y Emiliano Zapata seguían muertos.

Y no sólo había en el calendario de arriba sus fechas de exorcismo frente a muertos incómodos, también las había donde el control se corroboraba, como los primeros de mayo priístas en México.

Tal vez por eso, reivindicando su profunda raíz priísta, el gobierno perredista de la Ciudad de México ha pretendido oficializar el 2 de octubre de la mano de algunos de los envejecidos en ideas participantes en el movimiento estudiantil de 1968. Como si así quisieran tomar control sobre una juventud capitalina digna y rabiosa.

Y estoy casi seguro de que, en cada punto de la abigarrada geografía mundial, el Poder ha erigido estatuas y puntos de control en su calendario.

Otra vez desde la Grecia recurrente nos llegó la palabra que dijo que, para tratar de desfondar la rabia movilizada de la juventud, el gobierno adelantó el período vacacional.

Pero el airecillo liberal se convirtió en huracán neoliberal y vino la globalización. Y con ella el crujir de los viejos cimientos de las clases políticas… y de sus usos y costumbres.

En México, el primero de mayo ya no volvió a ser el mismo, es decir, un dilatado agradecimiento al-señor-presidente, cuando los aparatos de control sindical se resquebrajaron y los trabajadores convirtieron la marcha que debía ser de caravanas serviles en una de demandas y reclamos. Entonces una bomba molotov fue a dar a las puertas de Palacio Nacional. ¿El año en el calendario? 1984. Unos meses después, yo tendría una de mis muertes y uno de mis nacimientos en las montañas del sureste mexicano.

El intermitente desafío de los trabajadores de la ciudad, antes circunscrito a la izquierda, alcanzó entonces a las grandes centrales sindicales. El grito volvió a ser murmullo, es cierto, pero sigue latente. Un Fidel Velázquez muerto muchos años antes de ser enterrado fue el aviso para que se buscaran nuevas figuras de control, es decir, nuevas correas de trasmisión, para que los designios de arriba fueran del dominante al dominado. Y surgieron los neocharros, que no eran ni son tan nuevos. Vaya, si ve usted a un líder sindical oficialista de ahora y ve la foto de uno de los de antes, se preguntará alarmado si las fechas no están equivocadas.

El aparato de control del Poder sobre los trabajadores del campo y de la ciudad parecía vivir en el retrato de Dorian Grey (ni siquiera sé si así se escribe) que, a pesar de su decrepitud, lucía siempre rozagante, fresco, efectivo.

Pero el espejo se rompió y el envejecimiento fue patente.

Entonces las nuevas figuras del control en el campo y en la ciudad, los neocharros del sindicalismo obrero y las centrales campesinas, se encontraron con que su tarea ya no era amortiguar… perdón, voy a decir una mala palabra, amortiguar la lucha de clases sirviendo de colchón y gestor de las demandas obreras y campesinas (en México, el sueño imposible de la UNT y Diálogo Nacional que la acompaña). No, ahora de lo que se trataba era de implantar las nuevas estrategias y tácticas del capitalismo salvaje en las fábricas, en los comercios y bancos, y en el campo. Sobre este proceso de reorganización de la fuerza de trabajo no voy a ahondar más, hay varios y excelentes textos en nuestro país que dan cuenta de ello.

En el campo, la joya de la corona neoliberal fue la reforma reaccionaria del artículo 27 constitucional, implementada por el hoy escritor asiduo de un periódico progresista y siempre un criminal: Carlos Salinas de Gortari.

Aunque siempre con sueños de una grandeza que tenga su lugar memorable en el calendario de los homenajes, Carlos Salinas de Gortari no ha dejado de ser un empleado de las grandes fuerzas del capital internacional, un gerente que, primero, se hizo del poder mediante un fraude electoral escandaloso (aunque no tanto como el que hizo Felipe Calderón), y después quiso imponer a sus subalternos, es decir, a sus gobernados, un país virtual del primer mundo.

Y tuvo éxito… hasta que, un primero de enero de hace 15 años, un fusil indígena de madera le rompió la pantalla de su monitor, su teclado y su máuser, digo, su mouse y, a juzgar por las incoherencias que escribe ahora, también le arruinó el disco duro. Y de eso ni Bill Gates lo salva.

El crimen de la contrarreforma al artículo 27 constitucional, perpetrado con el aval legislativo de varios de quienes hoy son “paladines” de la democracia y “defensores” del pueblo en las filas lopezobradoristas, se tradujo en estas tierras indígenas en el detonante del crecimiento cuantitativo y cualitativo, en elementos y en territorio, de lo que el mundo ahora conoce como Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Pero de esto ya hemos hablado antes.

Las formas y modos de Salinas de Gortari y el empleado de trasnacionales, Zedillo Ponce de León, semejaban más a las del ignorante capataz hacendario que a las del pulcro gerente de ventas, así que el gran capital decidió probar a uno igual de mediocre que sus anteriores, pero que había hecho su carrera gerencial en la Coca Cola, un Vicente Fox que ya exhibía sus problemas mentales desde la campaña electoral y que atentó contra el calendario exorcizador príista, llevando la ya acostumbrada ignorancia de la historia nacional de la que hacen gala los miembros del Partido Acción Nacional, a las festividades patrias.

Fue tan torpe su desempeño como titular del ejecutivo, que el PAN y amigos que lo acompañan tuvieron que recurrir a un fraude electoral descomunal para hacerse de la presidencia de una ya agonizante República Mexicana.

Por cierto, el gobierno de Felipe Calderón lanzó recientemente una campaña mediática donde exhorta a la ciudadanía a señalar cuál es el trámite más inútil.

Las zapatistas, los zapatistas, tenemos nuestra propuesta: las elecciones presidenciales son el trámite más inútil. Además de ser carísimas y de que todos tenemos que soportar las estupideces que dicen y repiten los candidatos, como quiera es en otro lugar donde se decide quién se sienta en la silla.

Pero si el Partido Acción Nacional exhibe como bandera su ignorancia histórica, el movimiento lopezobradorista levanta su convicción histérica. Editan su historia y la de quienes los acompañan (hace poco, con motivo de la muerte de Gustavo Iruegas, supuesto encargado de la inexistente política exterior del “gobierno legítimo”, se escribió una breve semblanza de él donde se editaba su biografía para que no apareciera que fue miembro de la representación gubernamental del gobierno de Zedillo en el saboteado diálogo con el EZLN, puesto en el que dijo esa frase ya clásica en los medios gubernamentales: “a los zapatistas hay que golpearlos para que dialoguen” –tal vez así, mutilando su propia historia, puede evitarse que los feligreses sepan bien a bien a quién apoyan y siguen). Y gracias a esa mutilación de su historia, pueden obviar que la gran mayoría de quienes encabezan su movimiento se dejaron y se siguen dejando agarrar la pierna, políticamente hablando, por los supuestos enemigos.

A nosotros se nos acusa de ser sectarios e intolerantes pero, la verdad sea dicha (¡já!), ningún movimiento en México ha exhibido tal grado de sectarismo, intolerancia e histeria como el que hoy, encabezado por Andrés Manuel López Obrador, amenaza con salvar a México.

Y la histeria se convierte en franca esquizofrenia cuando, viéndose al espejo, estos intelectuales dicen: “Realmente somos los únicos que estamos haciendo algo por este país, no vemos a nadie más”. Y en sus actos y movilizaciones se encuentran y comentan: “Oiga mi buen, yo creo que a este movimiento le hace muy bien mi orientación. Mi sola presencia lo hace histórico”. En efecto, es histórico el número de veces que ese movimiento le ha adjudicado a lo que hace el apelativo de “histórico”.

Si estos viudos y viudas de Palacio Nacional hacen todo lo que hacen sin tener el poder federal, imagínense ustedes lo que harían si el renombrado hubiera llegado a la silla.

En fin, como quiera que sea, las formas, los modos, los usos y costumbres de la clase política mexicana están ya en franca crisis. Aunque sigue habiendo especialistas para esa especialidad de la política profesional. Ya volveremos después sobre esto.

En estos tiempos pasados hemos visto cómo, con homenajes, el Poder de uno y otro color, ha logrado domesticar a algunos, a algunas de quienes pueden tener una posición crítica frente a ÉL. Neutralizadas así (“¡Por dios!, ¿cómo voy a criticar a quien me dio esta medalla y/o este cheque?”) estas personalidades, otrora críticas al sistema y sus gobiernos, se convierten entonces en simples correas de transmisión de la verdad en turno.

Antes, para lograr eso requería una embajada, o al menos un consulado. Hoy no se necesita tanto, bastan algunos cortejos en comidas y reuniones, un homenaje a cargo del erario, cortar un listón de alguna obra pública, unas cuantas notas periodísticas, y ¡zas!, ya tenemos a un nuevo vocero de los dos gobiernos que actualmente padecemos en México.

Los homenajes son tan seductores para los intelectuales, que algunos no resisten la tentación y, ante la falta de seguidores que se los hagan, ellos mismos se organizan un homenaje, como lo hizo ese otro cretino, presunto defraudador de la Universidad en la que trabaja, que inspirado en el alcohol se da el derecho de calumniar, criticar y dar órdenes a los movimientos de México y del mundo, desde las cómodas páginas de un periódico, y que para obtener feligreses llegó al extremo de llamar “heroicas” y “heroicos” a las “adelitas” y “adelitos” del lopezobradorista movimiento en defensa del petróleo.

Pero las corporativas no son las únicas correas de trasmisión que se agotan. La mediación y la gestoría no es sólo económica. El Estado que ahora agoniza creó también sus mediadores y gestores en el arte y la cultura, la comunicación, el conocimiento. Primero los cortejó con homenajes y alabanzas, luego los sedujo con premios y becas, después los convirtió en sus empleados para que actuaran como mediadores ante quienes en esos campos se negaban y se niegan a domesticarse

Todas las instituciones encargadas de la mediación y la gestoría están ya o estarán en crisis. La línea media entre los bandos se ha angostado tanto, que se tiene que optar por uno de ellos. Así tenemos organizaciones campesinas gestoras recurriendo a la policía y a los jueces para reprimir y perseguir a otros campesinos sin tierra; intelectuales y líderes sociales aplaudiendo la represión de la policía contra los bloqueos que en el DF y en apoyo a Atenco realizó la Otra Campaña en mayo del 2006, protegidos por esa misma policía en el plantón lopezobradorista en el D.F., en agosto-septiembre del mismo año;

Así que guarden sus medallas, ahorren sus cheques y hagan videos de sus homenajes, porque el mundo ya no es el mundo, ni el pueblo es el mismo.

Porque si no me equivoco, este Festival ha ido a contrapelo de esos calendarios. Y hay, en este otro camino, otros calendarios que se dibujan abajo.

Sobre este año del 2009 se nos ha dicho hasta el hartazgo que la globalización está en crisis y que todos habremos de pagar los costos. Así pasa, en épocas de crisis el capitalismo se vuelve profundamente “democrático”.

Pero hay muchas cosas que celebrar. Por ejemplo: los 25 años de Botellita de Jeréz, los 10 años del inicio del movimiento estudiantil que defendió la universidad pública y gratuita en México, las lecciones que imparten los adolescentes de Grecia, las enseñanzas de los parados de Argentina, el empeño por justicia de las otras y otros en suelos neoyorkinos, la constancia rebelde en la Francia de abajo, la descarnada esperanza y la lucha de la Bolivia indígena en esa hermosa cátedra que nos impartió Oscar Oliveira, la pléyade de resistencias en América Latina de la que nos dio cuenta Don Raúl Zibechi, la saludable e impostergable tarea de rescatar a mi General Sandino, que reivindica la Comandanta, para nosotros ella sí sandinista, Mónica Baltodano, los 50 años de lección de dignidad que imparte el pueblo de Cuba.

Hemos hablado de cómo los homenajes doman y domestican a la crítica opositora y lo vulnerables que son a esos cantos de sirena los intelectuales y periodistas.

Sin embargo, hay algunos que se resisten a esos homenajes con su empecinado ser consecuentes.

Está aquí con nosotros el compañero Adolfo Gilly. Y me atrevo a llamarlo “compañero” no porque sea del EZLN o sea de la Otra Campaña, sino por su ya larga historia de lucha del lado de los de abajo y a la izquierda.

Los zapatistas no hacemos homenajes más que a nuestros muertos y no cortejamos con comidas, premios y medallas, ni invitamos a cortar cordones de inauguración de segundos pisos.

Nosotros simplemente saludamos.

Y hoy queremos saludar a este hombre.

Siempre lo hemos considerado un hombre de izquierda consecuente, aunque alguna vez, como en lo que se refiere al Okupache, no hayamos estado de acuerdo con sus análisis o posiciones.

Lo saludamos no sólo porque en los tiempos en que la histeria intelectual del lopezobradorismo ilustrado nos atacó y calumnió, él supo hacernos saber, a su modo, que no sólo no compartía los descalificativos que tan alegremente se prodigaron allá arriba en contra nuestra, también que veía los mismo peligros sobre los que nosotros alertamos.

No sólo porque en alguno de nuestros cuarteles se puede encontrar, roto y desaliñado, que es como están los libros que se leen una y otra vez, su libro “La Revolución Interrumpida”, cuya nota previa a la primera edición, escrita en la cárcel de Lecumberri donde estuvo preso político, termina así “Hoy más que nunca es verdad la frase puesta por Lenin en la última página de “El Estado y la revolución”, cuando octubre de 1917 le impidió completar su texto: “Es más agradable y provechoso vivir la experiencia de la revolución, que escribir acerca de ella”

También, y sobre todo, lo saludamos por su vida, que es una forma de decir su lucha.

Salud, Don Adolfo. Vaya con bien a donde vaya, y acá y allá sepa que tiene un lugar en nuestro corazón, es decir, en nuestra historia. Pese a pese a quien le pese, le duela a quien le duela, manque sean compas de la Otra y hayan hecho aquí lo que no hicimos nosotros cuando, desafiando todas las críticas y amenazas que recibimos, estuvimos apoyándolos como Okupache: faltarnos al respeto que entre compañeros nos debemos. Nosotros no renegamos de ustedes como compañeros. Y tampoco renegamos de Don Adolfo Gilly como compañero nuestro que es.

Y salud a todas y a todos rebeldes que este año levantarán su digno y rabioso empeño.

Muchas gracias.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 3 de enero del 2009.

P.D.- Siete Cuentos para Nadie.

Cuento 2.- El marxismo según la insurgenta Erika.

Después de varias lomas y subir una sierra por entre milpas y acahuales, llegué al cuartel de uno de nuestros batallones insurgentes. Me sentía “positivamente jodido” (expresión usada por quien era nuestro mando hace 24 años), pero satisfecho de haber completado la jornada, pese a un sol que más parecía de abril que de noviembre. Durante todo el trayecto, paisajes y situaciones remontaban mis pensamientos a aquellos primeros años del EZLN, a nuestros dolores de entonces, a nuestros sueños de siempre. Salvo las lluvias pasadas, el que llamamos “verano de noviembre” parecía querer alargar su estancia y desafiar el calendario… y la geografía. Porque el otro norte se había asomado por el sol alargando el día. Tal vez por eso es que venía yo recordando nuestro recorrido por esa parte de México en la Otra Campaña.

Recordé entonces el trabajoso ascenso por Nayarit, Sinaloa, el cruce del Mar de Cortés hacia Baja California Sur, el nuevo ascenso hasta Baja California, el bordear la frontera con el imperio de las barras y las estrellas, la entrada a Sonora. Sí, mi penoso batallar para llegar a lo alto de la sierra zapatista me había traído a la memoria un recuerdo doble, mezclado.

El lejano norte, el del Wixaritari, el del Yaqui, el del Mayo Yoreme, el del Tohono Odaham, el del Comca`c, el del Pima, el del Trique-Zapoteco-Mixteco (porque hay que ver lo extendido que es Oaxaca), el del Kumiai, el del Kiliwa, el del Cucapá, el del Rarámuri, el del Tepehuano, el del Caxcán, el del Pame, el del Kikapú, el de l@s trabajador@s de la maquila, el de los migrantes locales y foráneos, el de jóvenas y jóvenes, el de estudiantes y maestros, el de pequeños comerciantes, el de los campesinos sin tierra o en proceso de ser despojados de ella.

Las noticias de arriba hablan del norte de México, sí, pero de secuestros, levantones, asesinatos, enfrentamientos entre supuestos narcotraficantes y fuerzas federales, operativos policíacos y militares, destrucción del medio ambiente, corrupción gubernamental, abusos de autoridad.

Como si el norte de nuestro país no fuera más que una cueva de lobos hambrientos saciándose en la víctima propicia.

Como si no hubiera otra cosa.

Y es que el país entero se puede sintetizar en cada uno de los estados y regiones de México.

Arriba poco o nada ha cambiado. Si acaso el apellido de quien comanda la destrucción y la marca registrada de quien lo patrocina. Allá arriba se repiten métodos de explotación, despojo, represión y discriminación que son de hace 200 años, cuando la corona española clavaba sus mil colmillos sobre las tierras indias de lo que después sería México; como hace 100 años los poderes de la Europa y Estados Unidos lavaban en riquezas el sangriento cuerpo del porfirismo.

¿Y abajo? ¿Será lo mismo que hace 200 años, que hace 100 años?

En fin, volviendo a la loma, llegué, lo que a mi avanzada edad… perdón, quise decir, lo que a mi corta edad se puede catalogar como una hazaña.

Después de limpiar las armas y mal acomodarme en un rincón del cuartel, asistí a la celebración que con motivo del 25 cumpleaños del EZLN organizaba la tropa insurgente ahí reunida.

“La programa cultural”, como dicen los compañeros en su modo de desafiar las reglas de la lengua española, transcurría como de costumbre: canciones de ritmo desconcertante con una letra sin rima alguna, poesías corales e individuales, periódicos murales, etcétera.

De pronto llega su turno de una compañera recluta tzetalera, con pocos días de haber llegado y que apenas está aprendiendo algo de español. La compañera entonces, dirigiéndose al auditorio, declaró sin empacho:

“Compañeros y compañeras, voy a tener mucho gusto en aventarles una bomba”

El desbarajuste que provocó fue de antología (en realidad fue un desmadre, pero estoy cuidando mi vocabulario): los más nuevos corrieron a saber dónde, y los veteranos nos tendimos en el suelo y buscamos el poco abrigo que daban las bancas de troncos amarrados con bejuco.

La compañera no se inmutó, tal vez pensando que así es el modo de los insurgentes, y continuó:

“Ahí les va”, dijo, y todos enterramos la cabeza en el suelo y, en lugar de oír la explosión, escuchamos:

“Bomba, bomba, el Felipe Calderón tiene cara de calzón”

Por supuesto que, como pudimos, nos pusimos de pie de nuevo y, mientras tratábamos de limpiarnos el lodo, le aplaudimos a rabiar.

Con harto café y galletas de animalitos (sin agraviar a los presentes) tratábamos de pasar el trago amargo cuando se sienta a mi lado la insurgenta Erika y me dice:

“Oí Sup, quiero que me vas a enseñar a hacer poesía. Porque acaso me salen las bombas, mucho me concentro pero no me sale la tonelada.”

A mí se me atragantó una jirafa en la garganta y no respondí rápido, así que la insurgenta Erika pensó que estaba dudando y abundó en argumentos:

“Anda Sup, si me enseñas entonces yo te cuento un cuento que leí”.

Los cuentos de los zapatistas son muy otros, como se darán cuenta cuando la Lupita y la Toñita les cuenten los que prepararon, así que yo seguí sin poder pasar la galleta con forma de jirafa. La insurgenta Erika pensó entonces que mi silencio era un “sí” y se arrancó con el cuento que a continuación reproduzco respetando en lo posible su modo de contarlo:

“Bueno pues, había pues una vez pues una niña. Tenía como 14 años esa niña pues, o sea que estaba entrada en 15 o sea que 16 años (la insurgenta Erika no lo dice, pero está poniéndole a la protagonista la misma edad que ella tenía cuando entró al EZLN y está usando el mismo truco de las cuentas del calendario que usó entonces para ser aceptada en nuestras filas). Bueno, pues esta niña estudiaba lo que es la filosofía con un su maestro que tenía y que no me acuerdo de dónde salió el maestro pero pues así va el cuento. Y luego pues la llamaron con su maestro para estudiar su filosofía y la niña dice que sí va y sale a buscar a su maestro que vive en una cabaña en su bosque. Pero la niña no le avisó a su mamá, o sea que como quien dice se fue sin orden del mando. Bueno, de ahí que la niña empezó a caminar pues y entonces pues entró en el bosque y encontró pues un anciano pues, un viejo con una computadora viendo nomás, y no pierde la vista pues el pinche viejo, y la niña lo saluda pues, y no le contesta el pinche viejo que sólo lo mira su computadora con su ojo. Bueno, de ahí que la niña lo saluda otra vez y otra vuelta que el pinche viejo nomás no le contesta. Bueno, pues de ahí que la niña se encabronó y le dice más fuerte a ese hombre, que sea que como que lo regaña.
Bueno, de ahí que le contestaron y la niña le pregunta qué hace el pinche viejo, pero no le dice pinche viejo sino que nomás le dice, lo de pinche viejo lo digo yo ya vas a ver luego por qué.

Bueno, de ahí que el pinche viejo no le dice luego que está haciendo, sino que tarda. Bueno, de ahí que el pinche viejo no le dice qué es lo que está leyendo en su computadora, pero, bueno, por fin le dice: “No quiero perder ni un centavo y estoy contando”. “Ah, entonces eres como quien dice un hombre rico”, le dice la niña. “Sí”, dice el hombre. Así contestó el viejo. Bueno pues, “está bien” dijo la niña y se despidió la niña, o sea que no le interesó lo que está haciendo el pinche viejo de estar contando sus dineros. Bueno pues, se fue la niña y dentro de unos metros encontró otra niña. La saludó y la otra una niña le ofreció una caja de cerillos. Bueno, de ahí que la niña le preguntó cuánto cuesta y la otra una niña le dijo que un peso. Bueno, de ahí que la niña buscó en su bolsillo para ver si tiene dinero y sí tiene. Bueno, de ahí que la otra una niña casi se pone a llorar de gusto y dice que tiene muchos años que no le compran. “No es justo, pero si aquí hay un hombre rico”, dijo la niña. Bueno, y de ahí le dijo que la va a llevar. Bueno, de ahí que llegan y encuentran al hombre rico y no lo contesta a las niñas el pinche viejo. Y ahí tardan hablándole, hasta que otra vez se encabrona la niña y lo regaña al pinche viejo y ya le hacen caso. Bueno, de ahí que la niña le explica al pinche viejo que la tiene que ayudar a la otra una niña que vende cerillos. Y el rico no lo contesta nada. Entonces la niña se encabrona y regaña otra vez al pinche viejo y ya el rico le contesta que no va a ayudar, que eso cuesta mucho dinero para mantener y ya dijo que no quiere perder ni un centavo. Bueno, de ahí que empiezan a discutirse de que lo tienen que ayudar a la otra una niña y el rico dice que no lo va a hacer. Y entonces la niña dice que no es justo la que haces, porque tú eres muy rico. “Sí”, dijo el pinche viejo, “pero yo trabajé con mis propias manos, empecé con poquito y ya después llegué en rico. Si quieren hacer así se hacen rico también ustedes”. Así dijo el pinche viejo. Bueno, de ahí que siguen en discutirse que la tiene que ayudar y es ahí donde estaban de peleando. Bueno pues, de ahí que entonces a la niña le toca hablar sobre de la justicia. Y el rico contesta que la justicia se hace entre manos, que no muy entendí qué quiere decir eso pero ha de ser una chingadera.

Bueno, de ahí que empiezan a discutirse otra vuelta que ya no se puede creer que no entiende el rico, y ya pues se encabrona de una vez la niña. Bueno, de ahí que la niña le dice al pinche viejo “Si no lo vas a ayudar entonces te voy a quemar y te vas a morir junto con tu idea que no sirve”. Y le dicen que van a prender un cerillo, porque ya se habían unido en la lucha revolucionaria las dos niñas o sea que ya estaban en la organización. Bueno, de ahí que el rico lo ve que la situación está cabrón porque ya lo van a quemar y dice que sí va a ayudar y se brinca, pero ya lo están quemando la computadora y el pinche viejo se desparece. Bueno, de ahí con trabajo lo apaga el fuego la niña y ya se va a donde su maestro y le cuenta y la tema que van a ver es el marxismo porque la niña se llamaba Karla Marx. Bueno, de ahí que empiezan a estudiar de cómo es la idea de la Marx sobre los ricos y los pobres. Y lo puso en tres escalones, algo de la superestructura de la sociedad, pero no me acuerdo bien, Pero yo digo que esa idea es buena pues porque ahí lo despierta a la gente como están explotados y como va creciendo el capitalismo y los trabajadores no ven nada de eso y sólo están trabajando y lo que le pagan apenas alcanza. Los despierta pues a los jodidos.
Y ahí pues los obreros y campesinos se dieron cuenta de lo que está pasando en este país. Pero yo creo que no basta con esa idea. Lo que sigue lo tenemos que hacer nosotras.”

La insurgenta Erika ha contado su cuento de corrido, casi sin pausa, como temiendo olvidar lo que había leído.

Mientras la escuchaba, a mí ya se me habían atragantado una vaquita, un elefante, un gato y un perro, todos de galleta.

La insurgenta Erika esperó pacientemente a que yo pasara el complejo bocado (el que formaban las galletas de animalitos y la hipótesis teórica, histórica y de género que había planteado).

Cuando pude recuperar el aliento le dije:

“Está bueno, pero yo tenía entendido que era hombre y se llamaba Carlos Marx”

La insurgenta Erika me respondió sin titubear: “Ah, pero ése es un cuento de los pinches hombres, en mi pensamiento llegó que fue una mujer”

Se fue la insurgenta Erika a su turno en la posta que guarda al cuartel. Por supuesto que yo le prometí un libro que explicara cómo hacer poesías… o bombas yucatecas, ¿qué otra cosa podía hacer? Por cierto, si alguien sabe de un título, ahí me lo manda.

Tan-tan.

Subcomandante Insurgente Marcos.
México, 3 de enero del 2009.

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2 comentarios para “Segundo Viento: un digno y rabioso empeño. Mesa del 3 de enero I.”

  1. RENE- EL OTRO QUERETARO dijo:

    UN SALUDO A TODOS LOS COMPAS, SÓLO UNA OBSERVACIÓN CON LOS AUDIOS, NO ME FUE POSIBLE BAJARLOS, APARENTEMENTE UN PROBLEMA EN EL SERVIDOR, CÓMO LOS PUEDO CONSEGUIR PARA DIFUNDIRLOS CON LOS COMPAS DE POR ACA?

    SALUDOS


  2.  
  3. ponch dijo:

    hola hermanxs…..he kerido desde hace tiempo conseguir la intervencion del Gilly, pero en escrito, no el audio….es ke voy a hacer un trabajo sobre la construcción de la subjetividad indígena por el colonizador…entonces las palabras de Gilly me parecieron estupendas pero kisiera el pdf o algo asi….un abrazo y seguimos en la lucha hermanxs…..


  4.  

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